Una propuesta radical para tiempos radicales

Por Aviva Chomsky

Traducido por Ema Chomsky y Guillermo Fernández-Ampié

Este artículo apareció en inglés en https://nacla.org/news/2016/12/14/radical-proposal-radical-times 

Una creciente coalición de activistas laborales y migratorios exige al Presidente Obama conceder un Decreto de Perdón General por Infracciones del Estatus Migratorio.

La elección de Donald Trump ha dejado a muchos activistas por los derechos de los inmigrantes en un remolino  de pensamientos alarmados. ¿Qué fue lo que verdaderamente dijo que haría? Si dijo que planea deportar a los “extranjeros criminales” y  “construir un muro”, ¿es eso realmente algo diferente de lo que hemos visto ya bajo la administración de Obama? ¿Podría realmente deportar a 11 millones de personas? ¿En realidad llegaría a eliminar la acción pro-inmigrante firmada exitosamente durante el mandato del Presidente Obama, la Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA, por sus siglas en inglés), que concedía un estatus legal temporal a cientos de miles de jóvenes indocumentados?  Si fuera a hacerlo, ¿qué les pasaría a estos jóvenes? Finalmente, ¿hay alguna forma en la que se pueda vincular la lucha por los derechos de los inmigrantes con una campaña más grande, comprometida a desafiar la versión extrema de capitalismo neoliberal cleptocrático de Trump?

En  vísperas de las elecciones mucha de la atención respecto al futuro de la política migratoria de E.E.U.U. se ha enfocado en el estatus incierto de los Dreamers y los beneficiarios de DACA. El 17 de noviembre, los representantes Zoe Lofgren (D-CA), Lucille Roybal-Allard (D-CA) y Luis Gutiérrez (D-IL) escribieron una carta pidiéndole a Obama dar un indulto presidencial a los beneficiaros de DACA antes de dejar su puesto,  convirtiendo en irrelevantes sus ofensas migratorias y posiblemente abriéndoles el paso en su búsqueda de un estatus legal permanente. Aunque la administración rápidamente rechazó la idea, ésta no ha muerto. Unas semanas después, los Senadores Dick Durbin (D-III) y Lindsey Graham introdujeron el Bridge Act (Acta del Puente), que realzaría y protegería el DACA. Mientras tanto, en las organizaciones de base, el activismo de la creciente coalición ha reforzado la propuesta.

Esto es en gran parte debido al trabajo de grupos como el Centro Colaborativo del Trabajador Inmigrante de Boston (IWCC por sus siglas en ingles). El IWCC sostiene que el enfoque en los “Dreamers”, un grupo modelo “excepcional” de inmigrantes, ignora los fundamentales asuntos estructurales, económicos y políticos que en última instancia ayudarán a vincular la lucha de los inmigrantes con la lucha de todos los trabajadores americanos – el llamado 99%. DACA y su primo legislativo, el acta DREAM, conceden derechos a un subconjunto relativamente pequeño de los 11 millones de habitantes indocumentados del país – aquellos a los que el Presidente Obama describió como “Americanos en sus corazones, en sus mentes, en todas formas excepto una: en papel”. Pero al presentar a la juventud inmigrante que fue traída al país por sus padres antes de los quince años como singularmente inocentes, merecedores, y diferentes al resto de la población indocumentada, estas iniciativas pueden considerarse una evasión de la naturaleza estructural y económica de los problemas migratorios, y cómplice de la criminalización, detención y deportación de los otros 10 millones de inmigrantes indocumentados.

Así, en medio de una ráfaga nacional de iniciativas por los derechos migratorios, el IWCC concibió una propuesta que es radical en su simplicidad: enfatizando la posición de los inmigrantes indocumentados como trabajadores, el IWCC ha demandado que Obama perdone a todas las personas indocumentadas en E.E.U.U. La petición de la organización dice así: “Señor Presidente, le pedimos que adopte una  medida política audaz, creativa, y humanitaria que permita proteger a las familias y ayude a consolidar la economía nacional. Exigimos que emita a la brevedad posible un Decreto de Perdón General por Infracciones del Estatus Migratorio antes del término de su mandato. Esto debe incluir a todos los trabajadores indocumentados que contribuyen con sus ingresos y sus impuestos a este país.” En pocas palabras, al posicionar a los trabajadores y sus derechos en el centro del debate migratorio, la petición del IWCC demanda un análisis que trasciende el neoliberalismo multicultural del buen-sentir y desafía las raíces y la naturaleza de la desigualdad. Es más, la iniciativa del IWCC vincula la lucha por los derechos de los inmigrantes con una campaña más grande en contra de la versión extrema capitalismo neoliberal amiguista de Trump. Tan improbable como parece, la iniciativa ha ganado terreno. A una semana de su deliberación el 6 de Diciembre, docenas de organizaciones a nivel nacional firmaron la petición del IWCC, incluyendo organizaciones de derechos migratorios, centros de trabajadores, iglesias progresistas, y centros laborales académicos. A la par, una petición en apoyo a la iniciativa por parte de académicos rápidamente sumó cientos de firmas – y continúa creciendo.

Estas demandas amplían el debate sobre la mejor manera de sostener la solidaridad con las comunidades inmigrantes. Mientras las administraciones de muchas universidades se han manifestado en apoyo al DACA en vista de las amenazas de Trump, han dudado en ir más allá en sus demandas. En cuestión de semanas después de la elección, cientos de presidentes de universidades habían firmado una declaración de la universidad Pomona College en la que demanda que el DACA se “sostenga, continúe, y se expanda”. La “expansión” era quizás una aprobación al intento del Presidente Obama por expandir el programa con Acción Diferida para los Padres de Americanos (DAPA por sus siglas en inglés), que buscaba extender la protección del DACA a los padres indocumentados de niños que son ciudadanos por haber nacido en E.E.U.U. (DAPA fue rechazado en las cortes en el 2016).

Pero estos administradores también intentaban precaver a las demandas de los estudiantes y profesores en Pomona y otras universidades que intentaban tomar una posición mas proactiva al designarse “campus santuario”. Muchas de estas peticiones insistían, por ejemplo, que sus instituciones se comprometieran a proteger al profesorado y al personal, o incluso a un grupo más amplio definido como la “comunidad universitaria”. Una petición de mi universidad, la Universidad Estatal de Salem, decía que la noción de comunidad universitaria debe incluir a “las familias de los estudiantes y sus comunidades de origen… aquellos que trabajan directamente para nuestras universidades” así como a “muchos otros que cultivan la comida que comemos en nuestros comedores, empaquetan los libros que recibimos en nuestras librerías, y hacen la ropa que vendemos con nuestros logos”.  Pero los funcionarios del campus que voluntariamente se anunciaron a favor del DACA se han mostrado reacios a aceptar el lenguaje de “santuario” y han dudado en dar su consentimiento a algunas de las medidas específicas que demandan los estudiantes y el profesorado – en particular, la noción de que la “comunidad” debe ir más allá de solo los estudiantes.

Como algunos campus universitarios, muchas ciudades a nivel nacional incluyendo Chicago,

Los Ángeles, Nueva York, y muchas otras, grandes y pequeñas, reafirmaron o renovaron su estado de santuario. Sus disposiciones de santuario aplican a todos en la ciudad. Aun antes de la elección, Donald Trump prometió que “bloquearía los fondos para las ciudades santuario”. El concepto de “santuario” no tiene un significado legal preciso: una ciudad puede adoptar el nombre  por razones meramente simbólicas o puede implementar políticas que en distintas maneras limitan la aplicación local de las actividades del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de los Estados Unidos (ICE por sus siglas en ingles). Pero es igual de vaga la amenaza de Trump por “bloquear fondos”. Como puntualiza Ilya Somin en The Washington Post, se encontraría con múltiples complejidades prácticas y constitucionales. De todas formas, algunas ciudades, así como universidades, han empleado la amenaza de Trump junto con la vaguedad del término “santuario” como justificación de su reticencia para adoptar este estatus.

El llamado de la iniciativa de los Centros de Trabajadores demanda de manera radical derechos iguales para todos, independientemente de su estatus migratorio. Es en este contexto que la propuesta del IWCC por un perdón general representa una demanda tan poderosa. Así como el llamado para crear “santuarios” para indocumentados, la propuesta del IWCC trasciende todos los debates acerca de cuales son los inmigrantes que recibirían ayuda. La iniciativa firmemente demanda derechos para todos, independientemente de su estatus migratorio. Aunque la administración de Obama rechazó del todo la carta de los congresistas que habría protegido de manera paralela a los beneficiarios del DACA, la naturaleza radical de estos tiempos ha llevado a una cantidad sorprendente de individuos y organizaciones a responder con entusiasmo a la propuesta que hace solo unas semanas hubiera sido prácticamente imposible de articular.

Al poner la idea de un Decreto de Perdón General por Infracciones del Estatus Migratorio al frente y al centro, el IWCC y sus aliados están empujando a todos los que estamos luchando por los derechos de inmigrantes y trabajadores a expandir y profundizar nuestros objetivos por la justicia económica y social en la era de Trump. Quizás más importante aún, la petición del IWCC también está ayudando a formar una nueva coalición de organizaciones que trabajan en asuntos similares pero que con demasiada frecuencia lo hacen aislados unos de otros. Mientras los comentaristas y organizaciones debaten cómo las demandas basadas en la identidad se relacionan con las críticas clasistas al capitalismo, esta campaña ofrece una manera de vincular ambas. Hasta ahora, la inmensa respuesta popular y organizacional a estos esfuerzos muestra la medida en que esta es una oportunidad para expandir nuestros horizontes políticos y profundizar nuestras alianzas resuena en el inestable clima político en el que nos ha dejado la elección  presidencial del 2016.